Edición 386 - Del 29 de junio al 5 de julio de 2008 | Buenos Aires - Argentina
Pelea en la carpintería

Se cuenta que cierta vez hubo en una carpintería una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para ajustar sus diferencias. El martillo presidió la reunión; pero los participantes le notificaron que tenía que renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado barullo y, además, se pasaba todo el tiempo golpeando.

El martillo aceptó la culpa, pero también pidió que fuera expulsado el tornillo que, según él, daba muchas vueltas para conseguir algo. Ante el ataque, el tornillo estuvo de acuerdo, pero a la vez, pidió la expulsión de la lija. Decía que ella era muy áspera en su trato para con los demás, terminando siempre en roces. La lija acató la orden con la condición de que se expulsase al metro porque siempre medía a los otros según su propia medida, como si fuera el único perfecto.

En ese momento entró el carpintero, juntó el material y comenzó su trabajo. Utilizó el martillo, el tornillo, la lija y el metro. Finalmente, la madera rústica se convirtió en un fino mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reactivó la discusión. Esta vez, el serrucho tomó la palabra:

-Señores, quedó demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, con nuestros puntos valiosos. Así que no pensemos en nuestros puntos débiles y concentrémonos en nuestros valores.

Todos entendieron, entonces, que el martillo era fuerte, el tornillo unía, la lija era especial para limar y afinar las asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron así como un equipo capaz de producir muebles de calidad y se pusieron entonces a trabajar con alegría, y en equipo.

Este texto, de autor desconocido, muestra lo que realmente sucede, en diversas ocasiones, con los seres humanos. Basta observar y comprobarlo. Cuando una persona busca defectos en otra, la situación se vuelve negativa y tensa, por el contrario, cuando se buscan con sinceridad los puntos fuertes y las virtudes del otro, florecen las mejores conquistas humanas. Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo; pero encontrar cualidades... ¡eso es para los sabios!


 
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