“Mi sufrimiento comenzó a partir del momento en que recibí una tarjeta anónima, en la cual estaba escrita una maldición para mí.
Decía que terminaría con mi vida destruida, arrastrándome como una víbora. Al día siguiente tuve un accidente, una caída y como consecuencia no pude caminar más. Durante siete meses estuve postrada en una cama con fuertes dolores en los huesos, parecía que me pinchaban con clavos”, comenta Amelia Bassan.
Los médicos querían operarla de la columna para que no quedara postrada de por vida. También sufría con hernia hiatal, y tomaba medicamentos que no hacían ningún efecto.
Cansada de sufrir, Amelia quería encontrar una solución para su vida, y por medio de su hermano conoció el lugar donde comenzó a luchar por una nueva vida, la Iglesia Universal.
“Escuchó la programación por radio y me invitó, mi esposo estaba cansado de tanto sufrimiento y decidió llevarme. El mismo día que fui salí caminando y, después de 15 días, estaba completamente curada y liberada. Hoy gracias a Dios disfruto de una nueva vida”, concluye.
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